jueves, 24 de noviembre de 2011

Posiblemente  me arrepienta de enviar esto cuando lo haga, cuando lo leas y te cabrees. Pero me pillas en un día con las hormonas alteradas, harta de la gente, de los silencios y con ganas de volvar el mundo.

Hoy voy a escribir cosas que posiblemente te den igual.  Lo voy a hacer sin permiso, sin venir a cuento y sin estar enfadada.  Simplemente porque me da la gana.. y si, puede que mi aburrimiento en fisiología influya.

Antes era alguien, antes era yo quien llenaba tus muros y tus “me gusta”, a quien contabas casi todo, alguien con la que era raro que estuvieras más de tres días sin hablar. Eras conocido en mi casa como la persona que más me hacía reír. Antes era conmigo los tonteos, los e.e, que se que no eran más que eso, tonterías, pero sin significar amor ni nada por el estilo, básicamente porque no somos de eso, ni nos va, ni lo quiero, pero éramos ese algo sin palabra exacta definida, pero nuestro. Hablábamos de un nosotros, de un futuro aunque fuera de locuras fiestas y edredones… yo era la que conocían tus amigos sin saber quién soy y tú mi historia favorita de contar…

Antes hacíamos magia en los roles. Me metí en LYD para leer un post y me dejó “rallada” darme cuenta que el post que leí no era contigo, ya no hacemos esa magia, ya casi no hablamos, cada uno sigue su camino, sin olvidarnos… pero distinto. Que no busco echar la culpa, ni hacer tremendismo de esto, simplemente opino de algo de lo que veo… se trata de echar de menos... pero, ¿sabes lo que más “me raya”? Que cada vez es como que lo veo así y como que tampoco me importa u.u

jueves, 3 de noviembre de 2011

A veces, terminan pasando cosas que nunca te esperastes, la vida, aunque sea raro, a veces da buenas sorpresas. El caso es que no, no sabía mucho de ti por aquel entonces. Tu apellido por una pesada tirapiñas, que te gustaba el azul, que adorabas TVD más que un tonto a un lapiz, que era divertido picarnos...






Sabía poco, pero un día, me dí cuenta que quería saberlo todo. Sería tu capacidad para hacerme reír, tener tantas ganas de verte, tantas llamadas en la calle de botellón o en un campeonato. No lo sé, pero tenías algo, algo que, sin equivocarme, me decía que eras un idiota alucinante.


Y es que ahora, que sé alguna cosa más de ti, no hace falta que me cuentes los obstáculos que se pongan en el camino, porque sé de lo que eres capaz. Y sé que ninguna asignatura, profesor o examen cambiará que un día sepa que serás arquitecto, además de que lograrás cosas que a más de uno le gustaría poder aspirar. a mí no hace falta que me digan que lograrás todo lo que te propongas, incluso aunque tú no lo sepas, porque yo ya losé.